Si alguna vez visitas Guadalest, el Castillo de San José es uno de esos gigantes silenciosos que coronan el pueblo. No es un castillo completo con torres y almenas intactas, es más bien como fragmentos de historia encaramados en lo alto. Pero esos fragmentos tienen un gran peso. Construido originalmente por musulmanes en el siglo XI, sus piedras han sido testigos de muchos cambios: terremotos en 1644 y 1748 lo dañaron gravemente y durante la Guerra de Sucesión Española (1708) parte de él fue volado. Sube por las estrechas calles antiguas de Guadalest, sigue las señales hacia la fortaleza y serás recompensado. Desde su elevado punto de vista, puedes contemplar los escarpados acantilados rocosos, el embalse brillando abajo y el serpenteante valle más allá. La vista te recuerda lo estratégica que era esta ubicación y cómo la belleza natural y las dificultades están entrelazadas.
Aunque gran parte ha desaparecido, verás partes de las murallas, una torre, restos del recinto y terrazas excavadas en la roca. El paisaje circundante es dramático: barrancos estrechos, acantilados rocosos, pinos y, a lo lejos, el agua de la presa reflejando la luz. Es un lugar que te hace sentir pequeño, en el buen sentido.