Si subes por el casco antiguo de Altea, hay un momento en el que llegas a la Plaça de l’Església. Es el tipo de plaza a la que van los lugareños cuando quieren relajarse, disfrutar de las vistas, tomar un café y fingir que el tiempo pasa un poco más despacio. En el centro se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora del Consuelo, con sus dos cúpulas gemelas de azulejos azules y blancos, el tipo de monumento que puedes ver desde lejos y al que luego te acercas por las sinuosas calles empedradas. Desde la plaza puedes contemplar las casas blancas que descienden por la colina, el mar brillando al frente, e incluso vislumbrar la Sierra Helada en el horizonte cuando el aire está despejado.
Alrededor de la plaza hay cafés, tiendas de artesanía, pequeños puestos de joyería y, al anochecer, luces suaves, a veces música en vivo que llega de algún bar. Es un lugar tranquilo pero lleno de vida. Si vas cerca del atardecer, todo se siente más dorado, la atmósfera es perfecta. Lo suficientemente tranquilo para respirar, lo suficientemente hermoso para captar tu atención.