Cala del Moraig es una de esas joyas ocultas espectaculares a lo largo de la Costa Blanca que te hace sentir que has descubierto algo especial. Escondida entre Moraira y Jávea, esta cala de unos 300 metros se encuentra en un entorno dramático de acantilados, vegetación exuberante y agua turquesa que te invita a zambullirte desde el primer momento.
No puedes conducir hasta la playa; hay aparcamiento en la parte superior, seguido de un paseo por un sendero. Se siente como si te ganaras la vista. Durante la temporada alta, la tarifa de aparcamiento es de 15 €, así que vale la pena tenerlo en cuenta al planificar tu visita.
Aunque está algo apartada, Moraig ofrece excelentes instalaciones: socorristas en temporada, limpieza diaria, pasarelas accesibles, sillas anfibias, aseos, duchas e incluso una sección de la playa designada y certificada para uso naturista.
Uno de sus mayores atractivos es la Cova dels Arcs, una cueva esculpida por el mar a la que puedes nadar cuando el mar está en calma. También hay un mirador sobre la cala que te ofrece una vista panorámica de los acantilados y el Mediterráneo, especialmente mágica al amanecer o al final de la tarde cuando la luz es suave.
Solo un consejo: si vas en verano, llega temprano. El aparcamiento se llena rápidamente y más tarde puede haber mucha gente. Pero aun así, Cala del Moraig logra un hermoso equilibrio entre belleza, calma y encanto salvaje. Es perfecta si buscas naturaleza, snorkel y un respiro de las playas más grandes de la Costa Blanca.