Montaña de Tindaya: El corazón místico de la isla
Cuando atraviesas el árido, casi marciano interior del norte, tu mirada se sentirá inmediatamente atraída por un solitario que se alza sobre la llanura. La Montaña de Tindaya, de más de 400 metros de altura, fue un lugar sagrado para los aborígenes y aún hoy conserva una energía cruda y misteriosa. En su cima, los nativos tallaron cientos de enigmáticos grabados en forma de pies que apuntan hacia la puesta de sol, destinados a protegerlos de los malos espíritus.
Dado que es un sitio arqueológico estrictamente protegido, el ascenso libre está prohibido hoy en día (y sí, se controla y sí, se imponen multas por ello, porque los lugareños son comprensiblemente muy sensibles al respecto). Por lo tanto, lo mejor es disfrutarla con un café en la mano desde el pueblo homónimo (recomendamos Cafe Maria) a sus pies o desde el cercano Mirador de Vallebrón. Asegúrate de pasar por aquí al atardecer, cuando el sol poniente golpea la roca y toda la montaña se tiñe de mágicos tonos rojos y naranjas.