Dirigiéndonos hacia el este, el paisaje cambió a vastos campos de lava cubiertos de musgo. Pronto, llegamos al cañón Fjaðrárgljúfur, uno de los lugares más encantadores de Islandia. El cañón serpentea casi 2 km a través de la tierra, tallado profundamente por el agua de deshielo glacial durante miles de años. El cañón, de unos 2 millones de años, es uno de los lugares más fotografiados de Islandia, y con razón.
Seguimos un sendero a lo largo del borde, deteniéndonos en miradores que daban al río turquesa de abajo. Cada curva revelaba una nueva perspectiva impresionante: acantilados escarpados cubiertos de musgo, la luz del sol bailando sobre el agua y una sensación de completa serenidad. Fue uno de esos momentos que nos hicieron detenernos y simplemente admirar el arte de la naturaleza.
La caminata hasta el mirador fue bastante fácil y nos ofreció varias oportunidades para detenernos y contemplar la vista desde diferentes ángulos. Las carreteras hasta el estacionamiento estaban pavimentadas y eran fáciles de transitar, pero algunos caminos de grava que conducían al inicio del sendero eran un poco irregulares.