A veces los momentos más poderosos ocurren bajo la lluvia. Encontrar el enorme Buda de Fukoji tallado en el acantilado a solas, solo con el sonido de las gotas de lluvia golpeando las hojas, fue una de esas experiencias de viaje escalofriantes que no puedes planear. Este no es solo otro Buda de templo; estamos hablando de un gigante de 11.3 metros tallado directamente en la pared del acantilado, vigilando el valle desde el siglo XIII.
El hecho de que sea un Fudo-myoo (generalmente representado como un feroz vencedor del mal) hace que sea aún más especial que siglos de lluvia y clima hayan suavizado de alguna manera su expresión. Es como si la naturaleza hubiera decidido que este guardián necesitaba una apariencia más amable. Hay algo poético en cómo el tiempo y los elementos han remodelado literalmente a este antiguo protector.
Estar allí a solas bajo la lluvia, solo nosotros y esta figura colosal que ha estado vigilando silenciosamente este lugar durante 800 años... ese es el tipo de momento que hace que toda la planificación del viaje valga la pena. Algunos lugares simplemente se sienten diferentes cuando eres el único allí, y este fue definitivamente uno de ellos.