Si haces la caminata a Koyasan, el Templo Kongobuji cumple totalmente como la sede del budismo Shingon. Pero hablemos primero de ese jardín de rocas: es, sin duda, el mejor que vimos en todo Japón. Lo que lo hace especial no es solo el diseño (aunque es impresionante), sino cómo puedes sentarte y disfrutarlo sin las multitudes que encuentras en los jardines más famosos de Kioto.
El templo en sí es una potencia de historia y arte. Al ser el templo principal del budismo Shingon, no escatimaron en detalles: hablamos de increíbles puertas correderas pintadas (fusuma) con escenas que te dejarán boquiabierto, y la arquitectura en sí es una obra maestra del diseño del período Edo. El hecho de que fuera reconstruido en 1863 significa que todo se siente más auténtico que algunos de los templos reconstruidos más recientemente.
Lo que realmente hace que Kongobuji funcione es cómo equilibra su importante papel religioso con ser amigable para el visitante. La entrada es razonable, las multitudes son manejables y realmente puedes tomarte tu tiempo para empaparte de los elementos espirituales y artísticos sin sentirte apurado.