Seamos realistas sobre Nakamise-dori: lo vas a hacer (todo el mundo lo hace), y sí, las multitudes son una locura total. Imagina la calle comercial más concurrida que hayas visto, luego añade unas 500 personas más intentando hacer fotos mientras comen aperitivos callejeros. ¡Bienvenido a Nakamise-dori!
La calle en sí es bastante genial: ha estado allí desde el siglo XVII y lleva directamente al Templo Sensoji. Cada tienda parece vender algún tipo de snack tradicional que tienes que probar (esos pasteles ningyoyaki con forma de muñequitas valen la pena para enfrentarse a las multitudes) o souvenirs que van desde elegantes abanicos hasta esos gatos de la suerte que saludan y que ves por todas partes.
Consejo profesional: Abraza el caos. Este no es el lugar para una experiencia de compras tranquila, es más bien una carrera de obstáculos festiva. El truco es seguir el flujo de la multitud, detenerte cuando algo te llame la atención y aceptar que probablemente no conseguirás una foto sin extraños. Y oye, ¡al menos todas esas linternas y decoraciones hacen que las multitudes se vean más pintorescas!