Kinkaku-ji, también conocido como el Pabellón Dorado, es uno de los templos más icónicos de Kioto y verdaderamente inolvidable una vez que lo ves en persona.
Un templo completamente cubierto de pan de oro es algo raro, y la forma en que se refleja en el estanque circundante se siente casi irreal.
Los terrenos del templo están diseñados como una ruta de un solo sentido, lo que te permite disfrutar del pabellón desde diferentes ángulos mientras recorres los jardines. No importa la estación, la vista es impresionante, pero para mí, la visita más memorable fue en invierno, cuando vi Kinkaku-ji cubierto de nieve fresca. El contraste entre la nieve blanca, el templo dorado y el entorno tranquilo fue absolutamente impresionante.
Aunque es uno de los lugares más famosos de Kioto, aún logra sentirse especial, especialmente si lo visitas temprano en el día cuando está más tranquilo.
Consejo: Las visitas en invierno son raras pero mágicas si tienes suerte con la nevada. De lo contrario, ve temprano por la mañana para evitar las mayores multitudes.