Un lugar pequeño y sencillo justo en la calle principal. Sin concepto de diseño, sin gente a la moda, solo café de verdad.
El dueño tuesta los granos en pequeñas cantidades, y se nota en el sabor. Limpio, fuerte, exactamente lo que necesitas cuando el calor de Bangkok empieza a ralentizarte.
Este se convirtió en nuestro punto de “reinicio”. Cinco minutos de tranquilidad, un buen espresso, y de vuelta a la ciudad.
Sin complicaciones. Solo café de verdad.