Bajo las bulliciosas calles medievales yace un laberinto silencioso y sombrío.
Tallados en la roca de toba volcánica, estos túneles se remontan a los etruscos, pero fueron ampliados en la Edad Media como rutas de escape secretas para las familias nobles.
Durante la Segunda Guerra Mundial, sirvieron como refugios antiaéreos que salvaron vidas para la población. Caminar por estos pasajes frescos y tenuemente iluminados ofrece una perspectiva inquietantemente hermosa de cómo la ciudad sobrevivió a guerras y asedios a lo largo de los siglos.
No recomendado para personas con claustrofobia severa. La temperatura subterránea es constante de 14°C (57°F), ¡así que trae una chaqueta ligera!
Foto de Mariapia Statile/vía Wikimedia Commons/CC BY-SA 4.0]