Es uno de esos lugares que te sorprende por completo, de la mejor manera. Ubicado en un palacio bellamente restaurado, no es solo un museo, es un viaje a través de la rica historia de diseño, artesanía y arte de Marruecos. Cada sala exhibe algo diferente, desde intrincados trabajos en madera y cerámica pintada a mano hasta joyas vintage y textiles que parecen obras de arte.
Lo que más nos encantó fue la mezcla de cultura y calma. El palacio en sí es absolutamente impresionante: arquitectura marroquí clásica, coloridos azulejos zellige y patios tranquilos que te invitan a quedarte un poco más. Y escondido en su interior se encuentra uno de los cafés más elegantes de la ciudad: Bacha Coffee. Sinceramente, incluso si no eres muy de museos, solo el café ya vale la pena la visita (eso sí, prepárate para esperar, ¡es muy popular!).
Es una parada ideal si quieres tomar un respiro del bullicio de los zocos y sumergirte en algo un poco más lento y refinado. Si aprecias la artesanía, este lugar es una visita obligada.