El cráter Commerson no se anuncia. Estacionas a un lado de la carretera, sigues un corto camino de tierra y, de repente, te encuentras mirando una cicatriz volcánica de 200 metros de profundidad, casi perfectamente redonda, oscura y silenciosa. Aquí no hay lava, ni humo, solo las tranquilas y silenciosas secuelas del colapso.
La plataforma de observación está bien mantenida, con barreras sólidas y espacio para contemplarlo con seguridad. No es una visita larga, pero es de esas que se quedan contigo. Este es un lado de la historia volcánica de Réunion más sutil e introspectivo que el drama explosivo del Piton de la Fournaise.
👉 Si tienes la suerte de visitarlo después de la lluvia, busca las cascadas que recorren las paredes del cráter. Solo aparecen brevemente, pero son irreales.