Escondida justo al lado del bullicioso Graben, la Basílica María Rotunda (a menudo llamada Iglesia Dominicana) se siente como un portal al pasado. La forma circular de la iglesia es inusual, con columnas que rodean el espacio y crean una sensación de protección a través de una simetría tranquilizadora. La luz se filtra por las ventanas altas, iluminando la cúpula superior mientras deja las áreas inferiores en la oscuridad, creando un claroscuro natural.
Los dominicos han estado aquí desde el siglo XIII y han moldeado la iglesia a través de siglos de predicación, estudio y oración. Su preferencia por la simplicidad es palpable: la ornamentación está presente, pero nunca es excesiva. Las sombras se sienten intencionadas, como si fueran parte del diseño. Uno de los grabados de memento mori más interesantes que encontré fue un uróboros que rodea un reloj de arena, escondido en la base de una columna a la izquierda del altar. Cerca de la entrada, también puedes encontrar un hermoso monumento funerario flanqueado por esqueletos alados.
Aquí no hay tanto drama teatral deslumbrante; en cambio, el diseño se despliega lentamente, revelándose cuanto más tiempo lo miras.